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La JSUC muestra sus condolencias por el fallecimiento Marcos Ana.

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Nació con el nombre de Fernando Macarro Castillo y se hizo eterno bajo el seudónimo de Marcos Ana

La Joventut Socialista Unificada de Catalunya – Joventut Comunista muestra sus condolencias por el fallecimiento del infatigable luchador por la emancipación de la clase obrera, Marcos Ana.

  1. Breve resumen biográfico

Fernando Macarro Castillo nació en 1920 en la localidad salmantina de Alconada. Procedente de una familia humilde creció bajo los preceptos del catolicismo, los cuales abandonaría años más tarde. Tempranamente tuvo que trabajar para colaborar en el sostenimiento de su familia con quienes, en la década de los 30, se trasladó a Alcalá de Henares. Sus inquietudes políticas le llevaron a afiliarse en la Juventudes Socialistas y tras la unidad entre comunistas y socialistas pasó a militar en las JSU.

Con tan solo 16 años y debido al estallido de la Guerra Civil, Marcos Ana partió al frente, el cual se vio obligado a abandonar tras la reorganización del Ejército Republicano. A lo largo de este período se consumó su afiliación al partido en el que ha militado durante toda su vida, el Partido Comunista de España. No fue hasta 1938 cuando se le readmitió en el ejército regular, momento en el que ya contaba con 18 años. Durante la guerra ejerció las funciones de comisario político de la 44 Brigada Mixta y de instructor político de la juventud en la 8ª División del Ejército del Centro, hecho que le marcaría de forma significativa tras coincidir con la escritora María Teresa León y el poeta Rafael Alberti.

Pero con la victoria fascista se inició su calvario tras caer prisionero en Alicante en manos de la División Littorio (fascistas italianos) donde fue enviado al campo de prisioneros de los Almendros, en primer lugar, y recluido en el campo de concentración de Albatera, semanas más tarde.

A lo largo de sus 22 años y siete meses de encarcelamiento, Marcos Ana estuvo en las prisiones de Porlier, Conde de Toreno (en la que coincidió con Miguel Hernández), Ocaña, Alcalá de Henares y Burgos (en este orden) desde 1939 hasta 1961. Esta desgraciada cifra sitúa a Marcos Ana como “el decano” de los presos políticos españoles encarcelados bajo el yugo del régimen franquista.

  1. El surgimiento de Marcos Ana

La habilidad poética de Fernando Macarro Castillo surge en 1954 durante un período de hasta nueve meses que pasó incomunicado en una celda de castigo del penal de Burgos. Para ello tuvieron una influencia notable las lecturas de Quevedo, Lope de Vega, Antonio Machado, García Lorca, Alberti y Miguel Hernández que recibió de forma clandestina por parte de sus compañeros.

Los primeros versos de Marcos Ana, nombre que rendía tributo a su padre Marcos Macarro y a su madre Ana Castillo, se realizaron gracias a la inestimable ayuda de otros presos. Los poemas consiguieron salir al exterior de la prisión y su voz poética fue descrita como una poesía de grito, de lucha, de acusación y de esperanza que ansiaba paz y libertad. Ésta comenzó a darse a conocer en España y a nivel internacional siendo admirada y difundida por personalidades del mundo de la cultura como Pablo Neruda, Alberti, María Teresa León, Luis Alberto Quesada, etc. En ella se deja entrever la influencia del poeta del pueblo, Miguel Hernández a través de sus veros de esperanza y lucha.

Durante los años en los que Marcos Ana pasó en el penal de Burgos, está fue renombrada como la Universidad de Burgos gracias a las ingentes actividades políticas y culturales que organizaban clandestinamente los propios presidiarios.

Gracias al trabajo y la presión popular de todos los pueblos de España y a una gran campaña internacional por su liberación se consiguió la excarcelación de Marcos Ana quien siguió firme en sus convicciones políticas trabajando duramente desde el exilio dentro del Centro de Información y Solidaridad con España (CISE) en el que Pablo Picasso ejercía de Presidente de Honor. Su compromiso con el PCE nunca se truncó siendo candidato al Congreso de los Diputados en las elecciones de 1977, en las que no pudo conseguir escaño.

Durante la última década ha conseguido múltiples reconocimientos como su candidatura al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia presentada por la Universidad de Granada (2009), la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo (2009), el Premio René Cassin de Derechos Humanos (2010) y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2011).

El mejor recuerdo que nos quedará por siempre del camarada Marcos Ana es su legado de lucha, dignidad moral y compromiso militante, al igual que su excelente faceta poética que empleó como arma cargada de futuro donde siempre ponderaron sus profundas convicciones políticas, aunque sin duda el poema más bello no lo escribió con palabras sino que lo forjó con su ejemplo a lo largo de su trayectoria vital. En su Carta urgente a la juventud del mundo nos invita a los y las jóvenes a organizarnos para construir un nuevo modelo de sociedad más justo y fraternal en el que se combata la intolerancia y en el que jamás se olviden los horrores del pasado para que sus cadenas no queden silenciadas y su proceder perdure en el tiempo.

¡Que la tierra te sea leve, camarada!

Comité Central de la JSUC-Joventut Comunista

 

Carta urgente a la juventud del mundo

Si la juventud quisiera
mi pena se acabaría,
y mis cadenas.

(Decid ¡basta!
Haced la prueba.)

Vuestros brazos son un bosque
que llena toda la tierra;
si enarboláis vuestras manos
el cielo cubrís con ellas.
¿Qué tiranos, qué cerrojos,
qué murallones, qué puertas
no vencieran vuestras voces
en un alud de protesta?

(Todos los tiranos tienen
sus pedestales de arena,
de sangre rota, y de barro
babilónico sus piernas.)

Pronunciad una palabra,
decid una sola letra,
moved tan solo los labios
a la vez y la marea
juvenil atronaría
como un mar cuando se encrespa.

Pero, ¿quién soy yo, qué barco
de dolor, qué espuma vieja,
qué aire sin luz en el viento
acerco a vuestras riberas?

Como campanario de oro
vuestros corazones sueñan.
La juventud es la hora
del amor, su primavera.
¿Por qué mover vuestras ramas
alegres con mi tristeza?
¿No es mejor que yo me coma
mi pan solo en las tinieblas;
que mis pies cuenten las losas
veinte años más, mientras sueñan
mis alas entre las nubes
de un cielo roto en mis rejas?

Pero la vida -mi vida-
me está clamando en las venas;
abrasa loca las palmas
de mis manos; lanzaderas
clava y desclava en mi frente
y el pensamiento me quema.

Ved nuestros tonos. Ya somos
como terribles cortezas;
claustrales rostros, salobres
ojos que buscan a tientas
-sedientos de luz y sol-
una grieta entre las piedras.

No sabéis lo que es vivir
muriéndose a vida llena;
grises, sobre grises patios,
sin más luz que una bandera
de amor…

Ni lo sepáis nunca…
Más si queréis que esta lepra
jamás os alcance el pecho,
no dejéis “mi muerte” quieta.
No dejadme, no dejadnos
con nuestras sienes abiertas
y en un cerrojo sangrante
crucificada la lengua.

Levad vuestros pechos. ¡Pronto!
(Es bueno que esta gangrena
os revuelva las entrañas.)
¡Echad abajo mi celda!
Abrid mi ataúd; que el mundo
en pie de asombro nos vea
indomables, pero heridos,
sepultos bajo la tierra.
¡Que no queden en silencio
mis cadenas!

 

Marcos Ana